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Lo que empieza como una serie de agradecimientos por el autor por una novela que no existe (o tal vez sí), va describiendo a cada línea una autobiografía enrevesada y contradictoria que zigzagueando consuce al lecor por lugares y tiempos: del franquismo al día de hoy atravesando las turbulencias políticas del inicio de la transición, de París a Valencia pasando por el penal del Dueso, donde se purga un crimen no cometido. El resultado es una novela que rompe esquemas y hace astillas cualquier filiación, que transforma un instrumento insulso como la nota al pie de página en el vahícula de la narración. La realidad en Agradecimientos se aleja de la realidad literaria para reflejar con fidelidad la nuestra, esa que es plural y cambiante, cubista popr sus mil perspectivas, cuántica en sus mil posibilidades de existencia, caótica en su ordenado desorden. Eso es tanto como decir que pone de manifiesto un carácter totalmente realista en el que la literatura, sus formas literarias, se crea a partir del contenido vivencial y nunca al revés, en un ejercicio de honestidad para con el lector. Se trata pues de una novela que al tiempo que se ve inundada por un intagible sentido del humor, da cabida a todo tipo de matices, del amor al engañoa, de lleva al protagonista de ser un benefactor a ser un asesino y mucho más aún. la modernidad de Agradecimientos es rotunda cuando hace de la suplantación de la realidad su forma de ser en constante evolución.